Cervantes y Shakespeare, 400 años explicándonos quiénes somos

En el 400 aniversario de la muerte de Cervantes y Shakespeare, las dos grandes figuras de la Literatura universal, existen aún algunos aspectos que generan duda ¿Murieron el mismo día? ¿Se juntaron o se leyeron entre ellos? ¿Existen inspiraciones mutuas? La vida y obra de estos genios sigue levantando expectación?
Cervantes falleció el día 22 de abril de 1616 y Shakespeare el 23 del mismo mes y el mismo año, pero el inglés por el calendario juliano, y el español por el gregoriano, por lo cual no coincidieron en la fecha exacta.
► Pero con todo, la Unesco instauró en 1985 el Día del Libro el 23 de abril por ser “un día simbólico para la literatura mundial”, dado que también murió en esa fecha de 1616 el Inca Garcilaso de la Vega.
► Para Jesús David Jerez, profesor de la Universidad de San Bernardino, en California (EEUU), experto en Cervantes ,“mientras que el lenguaje de Shakespeare es más poético y de mayor complejidad, el de Cervantes se caracteriza por su sencillez y naturalidad. Frente al pesimismo del inglés, en el español encontramos más optimismo, sin alejarse de un estoicismo propio del mundo mediterráneo”.
Cervantes y Shakespeare, 400 años explicándonos quiénes somos
Cervantes y Shakespeare, 400 años explicándonos quiénes somos

Madrid, 23 abril 2016 (Amalia González Manjavacas / EFE)

Uno de los mitos más extendidos es que los genios de las letras, Cervantes y Shakespeare, murieron el mismo día del mismo año, el 23 de abril de 1616, un aspecto que ha perdurado mucho tiempo en algunos escritos, pese a que es falso.

Cervantes murió el 22 de abril, en su casa de la madrileña calle de León a los 69 años, y fue enterrado en la Iglesia del convento de las Trinitarias de Madrid con el sayal franciscano, eso si, el día 23 de abril.

Por otra parte, en el certificado oficial de la muerte de Shakespeare figura el 23 de abril de 1616, pero realizado bajo el calendario juliano (el romano) todavía vigente en la Inglaterra anglicana.

La confusión viene del hecho de que Inglaterra no había cambiado su calendario al modelo gregoriano, el actual, que instauró en 1582 Gregorio XII, y adelantó 10 días el calendario anterior. Sólo Francia, Italia y España adoptaron inmediatamente este cambio. A Inglaterra le costó dos siglos más, lo adoptó en el XVIII.

Así, Shakespeare, al morir el 23 de abril en la Inglaterra del siglo XVII regida por el calendario juliano, cuando se adaptó al gregoriano llevaría la fecha de fallecimiento al 3 o 5 de mayo.

Pero con todo, la Unesco instauró el Día del Libro el 23 de abril por ser “un día simbólico para la literatura mundial”, dado que también murió en esa fecha de 1616, Gómez Suárez de Figueroa, apodado el Inca Garcilaso de la Vega. Él si falleció el 23 de abril.

Cervantes y Shakespeare, dos genios literarios en la misma época

Miguel de Cervantes nació el 29 de septiembre de 1547 en la localidad de Alcalá de Henares, a 30 kilómetros de Madrid, festividad de San Miguel. No hay documento que lo atestigüe pero debido a su nombre, Miguel, santo de aquel día, es muy probable que naciera ese día. De lo que si existe constancia es de su partida bautismal, fechada el 9 de octubre de ese mismo año, en la Iglesia de la localidad complutense.

El dramaturgo inglés William Shakespeare, por su parte, nació el 26 de abril, diecisiete años después, en Stratford-upon-Avon, a unos 160 Kilómetros de la capital de Inglaterra.

Ambos eran de una familia numerosa. Cervantes fue el cuarto de siete hermanos, el inglés el tercero de ocho, cuyos padres -de ambos- vivieron rodeados de problemas y acuciados por las deudas.

El padre del inglés, un próspero comerciante de lana arruinado, lo perdió todo por una acusación de contrabando, aunque otros piensan a que era por su condición de católico en tiempos del anglicanismo.

El padre del español anduvo errante por el país, ejerciendo de cirujano-sangrador, agobiado toda su vida por las por las deudas, y por las estrecheces económicas.

En la juventud, el español recorrió Italia en cuanto tuvo ocasión, con afán de medrar en alguna corte italiana, al no conseguirlo, entró a formar parte de los tercios españoles.

Se alistó como soldado para la coalición cristiana agrupada en la Liga Santa contra una flota de turcos, obsesión de Carlos V y de su hijo. Con fiebre, participó en la batalla de Lepanto, donde fue herido, aunque solo perdió la movilidad y ya fue apodado como el manco más famoso. También pasó cinco penosos años cautivo de los turcos en Argel. Tras ser liberado escribió “La Galatea”, su primera novela.

Cervantes solo tuvo una hija, y no de su mujer, sino de una tabernera casada, a la que dio, con los años, su segundo apellido, Isabel Saavedra. Cervantes consiguió un trabajo en Sevilla, primero como proveedor de abastos y después como recaudador de impuestos y pidió varias veces al Consejo de Indias que le dieran algún cargo en las Américas, sin recibir respuesta.

Por su parte Shakespeare tuvo tres hijos, el único varón llamado Hamnet murió a los diez años, del que se inspiró en el nombre para el personaje del príncipe heredero danés, Hamlet.



Años difíciles fueron y vivieron ambos, pero escribieron las obras que pasarían a la historia. El dramaturgo inglés publicó ‘Romeo y Julieta’ (1595), ‘El Mercader de Venecia’ (1597) ‘Otelo’ (1603) o ‘Macbeth’ (1606).

Por entonces Cervantes da con sus huesos de nuevo en la cárcel, acusado de malversación. Es posible que entonces empezara a gestar ‘El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha’, publicada en 1605, y diez años después saldría la segunda parte de esta novela. Es decir, en un plazo de solo diez años se publicaron las obras más leídas de la literatura.




Cervantes, de poeta frustrado a la primera novela moderna

La verdadera pasión de Cervantes fue la lírica, pero no gustó como poeta, ni tampoco mucho como dramaturgo, por lo que intentó el teatro, pero le costaba mucho venderlas, y más todavía que fueran apreciadas por el público, algo por lo que siempre se lamentó, eclipsado por Lope de Vega que se llenaba de éxito.

No reconocido ni como poeta, como Góngora, ni como gran dramaturgo, los géneros por excelencia en el Siglo de Oro, se volcó en la narrativa.

El teatro estaba considerado como género menor, sólo era popular entre las masas y, hasta cuando se publicó “El Quijote”, se leía como mero libro de entretenimiento, aventuras y burlas. Lope de Vega dijo de Cervantes: “No hay nadie tan necio aquí que alabe al Quijote”.

La abundante producción poética cervantina se halla diseminada a lo largo de sus escritos, de distintas métricas: sonetos, tercetos, romances…. Hay sonetos de gran calidad entreverados en “La Galatea”, todavía una novela pastoril.

Las compañías de teatro no le compraban sus obras porque entendían que eran más aburridas, o clásicas que las del genial Lope de Vega. Pero Cervantes quería un teatro más hondo, no tan ligero. No supo encontrar la fórmula, por lo que le fastidiaba mucho el triunfo de Lope, aunque reconoció su inmenso talento, no sin embargo al revés.



Dos hombres del Renacimiento

De la vida de Shakespeare se sabe mucho menos que de la de Cervantes. A pesar de ello, los expertos coinciden en que los dos fueron hombres del Renacimiento. No es de extrañar que, pese a tener influencias culturales occidentales e ideas y planteamientos similares en sus obras, no caben paralelismos. Cervantes nunca supo de Shakespeare, más joven que él.

Hay informaciones sin embargo que dicen que Shakespeare sí leyó la primera parte de ‘El Quijote’, pues se tradujo enseguida al inglés, e incluso pudo servir de inspiración para alguna de sus historias.

Shakespeare murió en donde nació a los 52 años, dejando como último trabajo su comedia ‘Cardenio’, de la que muchos afirman que está inspirada en alguna obra de Cervantes, Y éste dejó ‘Los trabajos de Persiles’ y ‘Sigismunda’ que se publicarían un año después de su fallecimiento, en Madrid, a los 69 años.

Mientras Shakespeare dejó para epitafio una nota intimidatoria: “Bendito sea el hombre que respete estas piedras, y maldito el que remueva mis huesos”, Cervantes se fue agradeciendo a su mecenas, el Conde de Lemos, todo lo que hizo por él.



Para Luis Astrana Marín (1889-1959), biógrafo, ensayista y traductor, “Shakespeare y Cervantes presentan en sus obras un estudio sobre la naturaleza y la condición humana, la sociedad y los valores morales. Ambos se muestran muy críticos contra los abusos del poder y la nobleza, ocupándose de temas controvertidos, cuyo tratamiento legitiman desde el marco de la ficción, y configuran los dos personajes más icónicos de las letras universales”.

Para Jesús David Jerez, profesor de la Universidad de San Bernardino, en California (EEUU), experto en Cervantes ,“mientras que el lenguaje de Shakespeare es más poético y de mayor complejidad, el de Cervantes se caracteriza por su sencillez y naturalidad. Frente al pesimismo del inglés, en el español encontramos más optimismo, sin alejarse de un estoicismo propio del mundo mediterráneo”.

El profesor Jerez encuentra otros puntos de conexión por sus personajes. “Shakespeare les dota de una naturalidad casi coloquial. Los diálogos entre don Quijote y Sancho presentan algo similar, con la brillante alternancia del discurso caballeresco, el culto y el coloquial” Dos formas distintas de ver la existencia, al fin y al cabo, de genios de las letras entregados a ello en países enfrentados entonces, en dos idiomas distintos, pero bajo un mismo lenguaje universal: la literatura.

¿Influencia de Cervantes en Shakespeare?

Mientras Shakespeare fue gran dramaturgo y poeta, Cervantes fue el padre de la novela moderna tras fracasar en los otros dos grandes géneros de la época.



El escaso paralelismo entre ambos escritores existe más en su obra que en sus vidas. Para algunos cervantistas, la influencia del español en el inglés se observa en el drama “Cardenio”, el único vínculo documentado entre ambos.

La obra, hoy perdida, se presentó en 1613 y recoge una de las historias intercaladas en la primera parte del Quijote.
Por ejemplo el profesor Brean Hammond, de la Universidad de Nottingham indica que una de las últimas obras de teatro de Shakespeare, “Cimbelino”, podría inspirarse en “La historia del curioso impertinente”, incluida en la primera parte del Quijote.

En el siglo XIX surgen las primeras comparaciones entre los dos autores. Uno de ellos, Antonio Alcalá Galiano, resaltó la capacidad gráfica e icónica de los personajes. “Cuando se lee a Cervantes y a Shakespeare es posible imaginar o visualizar a los personajes”, decía.

En esa misma idea hablan Juan Valera y Emilia Pardo Bazán, en la segunda mitad del siglo XIX. Pardo Bazán llegó a comparar el carácter realista o naturalista de las obras de los dos autores en relación con sus personajes.



En nuestros días, el historiador Luis Álvarez Fernández o los académicos y lingüistas como Martín de Riquer, Francisco Rico o Andrés Trapiello, están de acuerdo en que siendo clásicos los dos, “tienen la particularidad de que nos hablan a lo largo de los tiempos, y de cada época hace su propia lectura”. De ahí que mantienen la contemporaneidad, fuera de los detalles, de la época, en la que vivieron los personajes.

El cervantista británico, Helmut Hatzfeld, resumió en los años veinte: “El Quijote, es la obra de arte del lenguaje”.

A comienzos de 1616, Miguel de Cervantes enfermó de hidropesía (edema por retención de líquidos). El 19 de abril, intuyendo su cercano final, escribió, “puesto ya el pie en el estribo”, en la dedicatoria de “Los trabajos de Persiles”. En plena agonía, hundido y derrotado, como su personaje, pero sin perder la ironía y el talento escribe: “¡Adiós, gracias; adiós, donaires; adiós, regocijados amigos; que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida!“. Pero 400 años después el escritor sigue vivo.